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Extatique

"MATER MATIX

150 × 180 cm

 

El título funde "Mater" madre con "Matrix" matriz, origen: la pintura no retrata a una madre en particular sino la maternidad como principio, como esa "semilla de toda posibilidad" de la que habla el artista. Lo que la rodea no ilustra una escena sino que introduce una tensión entre el amparo y el sacrificio que atraviesa buena parte de su obra: ternura y violencia en el mismo gesto, la vida sosteniéndose siempre sobre algo que arde.

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CABALLEROS FANTASTICOS 

247 × 82 cm

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Lo que desfila no son caballeros históricos sino inventados: "fantásticos" en el sentido literal de nacidos de la fantasía, una caballería que solo existe en la memoria privada que el pintor construye para sí mismo. Es el propio equilibrio entre Oriente y Occidente que él reivindica hecho estructura: el orden casi litúrgico de la procesión conteniendo un impulso que amenaza constantemente con desbordarlo, la disciplina y el instinto sosteniéndose mutuamente sobre la misma superficie.

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LA SALIDA DEL CASTILLO 

125 × 190 cm​

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Es una escena de umbral, no de paisaje: el instante de cruzar de un mundo a otro, exactamente el terreno que Saint Melin dice habitar —"el espacio entre lo visto y lo no visto". La partida no se narra, se siente: no cuenta una historia de conquista sino que marca el segundo exacto en que lo conocido se abandona por voluntad propia y no por derrota. Es la salida entendida como acto de fe.

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ROYAL SUITE DRAGONS

90 × 120 cm

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Unir la realeza con la figura del dragón símbolo casi universal del poder oculto, de aquello que habita bajo la conciencia es, otra vez, una manera de sostener "lo conocido y lo desconocido" en un mismo cuerpo. Lo que se apaga en el centro de la escena no es un simple eclipse sino la luz retenida, la certeza suspendida a mitad de camino entre revelarse y ocultarse; el cortejo que la rodea es menos un séquito real que la comitiva de intuiciones que sigue al pintor mientras trabaja "de la manera en que se siente en el momento

EXIT OF THE STABLE

70 × 120 cm

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El establo lo terrenal, lo animal, el origen que se hereda sin elegirlo queda atrás en el instante mismo de cruzar el umbral; lo que corona a la figura no es un adorno sino la señal de que algo cotidiano se ha vuelto sagrado con solo cambiar de lugar. Es, en formato reducido, la misma "búsqueda de trascendencia espiritual" que el artista describe como motor de toda su pintura: no una huida de lo terrenal, sino su transformación.

ROYAL SUITE

105 × 105 cm

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Aquí se cumple al pie de la letra algo que el propio Saint Melin ha dicho de su trabajo: que el color "no siempre es una parte importante" de él. La realeza no se describe, se insinúa como signo puro, casi como un blasón reducido a su silueta mínima; es la pieza donde el equilibrio y el oficio que él asocia a Oriente se imponen sobre la urgencia expresiva, demostrando que la contención puede pesar tanto como el gesto.

​THE KING AND THE QUEEN ON HORSES

71 × 100 cm

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A diferencia de la realeza anónima o enmascarada del resto de la serie, aquí el rey y la reina tienen rostro propio: es el cuadro más íntimo del conjunto, la contraparte cálida y personal de la "Royal Suite" simbólica. Lo que arde alrededor de ambos no es amenaza sino intensidad —esa energía "blanca y candente" que el artista dice infundir incluso en sus temas más serenos—, sosteniendo una escena de pareja que es, ante todo, un acto de compañía.

​CABALLERO GRANE

121 × 112 cm

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El nombre "Grane" evoca —quizás de forma deliberada, quizás por resonancia— a Grani, el caballo legendario del héroe Sigurd en la saga nórdica y en el ciclo de Wagner; sea o no intencional, el efecto coincide: este caballo parece recordado antes que visto, memoria más que descripción. Es el silencio después del fuego de las telas que lo rodean, el momento en que el pintor deja de perseguir la sensación del instante y se permite, por una vez, la quietud.

​En las ocho obras hay al menos un caballo, y en ninguna hay un trono ocupado por certeza: la corona aparece siempre en tránsito, sostenida por alguien que cruza un umbral, escolta un misterio o se despide de un origen. Extatique no es una colección sobre la realeza sino sobre lo que la realeza vuelve visible cuando se la despoja de historia y se la deja funcionar como símbolo puro el poder, sí, pero también la fragilidad de quien lo porta, la ceremonia como forma de sostener algo que de otro modo se desbordaría.
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Esa doble naturaleza no es ajena a la vida de quien la pintó: un hombre nacido en París que ha llevado su oficio el diseño, la actuación, la fotografía, y finalmente la pintura por Los Ángeles, La Habana, Guadalajara y Durango, antes de instalarse a trabajar, ya sin prisa, en su propio taller en México. Un artista que no pertenece del todo a ningún lugar termina por construir el suyo propio en el lienzo: de ahí que cada obra de esta serie sea, a la vez, un mundo cerrado y una pieza de un mismo territorio interior, el "espacio entre" que Saint Melin nombra como su verdadero domicilio.

Por eso la colección no avanza hacia una conclusión narrativa no hay una historia que termine sino hacia un temperamento que se repite y se transforma: el fuego de "La Salida del Castillo" se enfría en el silencio de "Caballero Grane"; la maternidad primordial de "Mater Matix" encuentra su eco tardío en la pareja íntima de "The King and the Queen on Horses"; el desborde cede paso a la contención en "Royal Suite", y vuelve a desbordarse en "Caballeros Fantásticos". Es, en conjunto, el retrato de una mente que no busca resolver la tensión entre el control y el instinto, sino habitarla y que invita a quien mira a hacer lo mismo.

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